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Cómo un teatro en Bolivia enfrenta los problemas de la privatización del agua

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Water Gods /
"La Asamblea de los dioses del agua," una obra de Teatro Trono del Alto, Bolivia. HAGA CLIC AQUÍ para ver mas imagenes de la obra.

Como una artista quien trabaja en una comunidad en los EE.UU., nunca pensé mucho acerca del agua. No tuve que hacerlo. Cada día, yo puedo abrir el grifo y tener un vaso de agua fresca y clara. Todo eso cambió cuando yo vine a trabajar con el Teatro Trono de Bolivia. Aprendí que para muchas personas sobre el mundo, el agua es también una lucha política.

Empresas multinacionales están comprando agua en países del todo el tercer mundo. Ellos invierten el “oro azul” para hacer dinero, a costa de la gente quienes solo necesitan un poco de agua.

Entonces ¿es el agua una fuente de dinero, o un derecho humano? ¿Quién tiene el derecho de control el agua? ¿Son las personas, o quizás la Pacha Mama, la madre de la tierra, quien no dio el agua al principio? Esas preguntas son de las que se trata “La Asamblea de Los Dioses Del Agua,” una obra de Teatro Trono.

“Nosotros creemos en el arte de los excluidos”

Teatro Trono es más que una comunidad de teatro. Es un movimiento. “Nosotros queremos romper el mito de que el arte y la belleza son privilegios solo de los ricos,” explica Ivan Nogales, director del teatro.

Trono fue fundado diez años atrás en El Alto, Bolivia. Ellos empezaron su trabajo con chicos de la calle en un centro de rehabilitación. Su estilo es divertido y corporal. Viene de un proceso de dirección colectiva en la cual todos los jóvenes dan ideas para un producto final. Sus obras se enfocan en la vida diaria de una de las zonas más pobres de Bolivia. Ivan siempre recuerda a los jóvenes en sus talleres que “nuestras obras son tan importantes como aquellos grandes trabajos de literatura.”

Con esta filosofía, Trono fundó una comunidad de artistas en El Alto que enseñan teatro, circo, baile, y artes visuales para los chicos del barrio. Ellos usan el juego como un cAnimo para hablar acerca las preguntas dentro la sociedad—equidad de género, globalización, la pobreza, corrupción estatal, y ahora, los derechos del agua.

Como el arte, “el agua no es propiedad de nadie—es una necesidad de la vida,” dice Nogales. Este es el espíritu que mueve al Teatro Trono para preguntarse acerca de los problemas del agua. Como artistas que confrontan el problema de la privatización del agua, deciden crear una mitología del agua—un cuento donde “agua como propiedad” y “agua como espíritu de vida” se enfrentan.

En la plaza de los mineros

En toda la ciudad de El Alto existen muchas plazas públicas. En una mañana soleada de domingo, la gente se reúne a comprar, charlar, y coquetear. Pero los actores de los Dioses del Agua están muy enfocados en su trabajo. Del teatro camión, van descargando tambores, bicicletas, y mascaras.

Los jóvenes están ocupados armando sus muñecos. Niños curiosos aparecen para mirar. Ellos miran gigantes figuras coloridas que empiezan a tener vida. Luis Vasquez, un actor de 16 años grita “Oye, ¿donde está la bolsa de tornillos? ¿Alguien vio el otro brazo de Saldumi?” Es muy duro guardar todas esas partes de los cuerpos de siete gigantes dioses del agua. Especialmente cuando hay 30 actores de ocho a 25 años de edad.

Una hora y media mas tarde, la gente se reúne. Perros están tomando el sol en la plaza. Mujeres cholitas venden helados y pipocas a los espectadores. La gente comienza a callarse cuando comienza la música. Oímos el canto de una quena (una flauta Boliviana tradicional) como el canto de un solo pájaro.

Primero, vemos solamente una tela larga de color azul llevado por cuatro actores jóvenes. Ponen la tela en el piso. Hay un sonido de tambores, y los actores empiezan a cantar y bailar. Ellos empiezan a lavar ropa, lavar sus dientes, se mojan los unos a los otros y toman una deliciosa bebida de agua. Los actores transforman la escena—ahora estamos en la orilla de un río.

Con otro sonido de tambor, entra un empresario cómico. Vladimir, un joven de 20 años, transforma su cuerpo en un hombre de negocios siniestro. El ve al río, y pregunta a la gente “¿Cuánto cuesta, Cuánto vale?” Cada uno estira su mano para aceptar un poco del dinero del empresario.

El empresario se adueña del río—ahora es suyo. La gente entra nuevamente sedienta—ahora para pedir al empresario un poco de agua. Una mujer ofrece sus aretes de oro. El toma un pequeño vaso y lo lleva al río. Todos los actores sedientos tienen que compartir ese pequeño gota de agua.

Venta de la lluvia

El agua es el ingrediente más importante para la vida.  Como el aire, el sol, las sustancias el agua es una necesidad básica.  Estos días, el agua es también una de las grandes oportunidades de negocios en el mundo.

Según un reporte de la revista Fortuna, “el agua promete ser en el siglo XXI lo que el petróleo fue en el siglo XX.”  “Oro azul” es una inversión lucrativa—todos lo necesitan y es imposible refutar al vendedor.

56 países alrededor del mundo tienen contratos con corporaciones para manejar sistemas de agua civil.  El Banco Mundial presiona a muchos países del tercer mudo para que privaticen el agua.  Contratos para manejar sistemas de agua no son competitivas—se van solamente a seis corporaciones en todo el mundo.

Esto quiere decir que para billones de personas en el tercer mundo, cada vez usamos el baño, nos lavamos los dientes, o tomamos un vaso con agua, parte de nuestro dinero va a Gran Britania, Francia, o también a los EE.UU.

En algunos casos, la privatización del agua viene con efectos devastadores.  En Sur África, cuando los medidos de un sistema de agua se rompió, la gente utilizaba el agua contaminada del Lago Emshulatuzi.  Resultó unos de las peores enfermedades de cólera en la historia de África.  En Argentina, una compañía privada hecha millones de toneladas de desechos dentro del océano cada año.  Tiene derecho a hacerlo según el contrato con el gobierno.

Las compañías privadas argumentan que ellos pueden brindar una mejor tecnología para mejorar el agua del tercer mundo.  Pero ¿debe la ambición lucrativa motivar a tomar esta determinación de una necesidad básica del ser humano?

“Él es un maldito empresario,” dice Vladimir, hablando acerca del el hombre de negocios del agua dentro de la obra.  Con los hombros encogidos y con un gesto de codicia es como Vladimir explica su inspiración artística.  “Cuando hago este papel, pienso acerca de un viejo jefe que yo tuve cuando trabajé en un restaurante.  Él nos quitó nuestro sueldo.  Nos echaba con agua fría en la cabeza si nosotros no trabajábamos duro.  Este hombre solo cuidaba su dinero—es por eso que él era tan abusivo.  ¿Las corporaciones multinacionales son mejores?

¿Qué dicen los dioses?

De 14 años, Ximena Flores Vargas está sentada sobre una bicicleta gigante que esta puesta sobre un carro de frutas.  Ella personifica a Lidia, diosa del liquido amniótico.  Personifica a la madre tierra, o Pacha Mama en términos Bolivianos.   “La primera vez que me subí aquí, sentí terror.  Pensé que me iba a caer.  Pero ahora, puedo concentrarme en mi papel, para ser una gran diosa que protege la tierra.”  Ella mueve sus brazos y la bici se balancea a un lado.

Yo le pregunté qué piensa de la obra.  “Es acerca de la guerra del agua,” me contestó.  “La gente siempre ensucia el agua.  Nosotros pensamos entonces que el agua limpia la vamos a tener que comprar.”

En el mundo de la obra, la gente del barrio y el empresario nos muestra la cara de la polución y la venta del agua.  Ellos son transportados a un lugar mágico donde los dioses del agua están encima de ellos decidiendo que hacer.

Ellos ven una variedad de personajes gigantes:  Are, la diosa de los reflejos del agua, Granizo, Negrón, el dios de aguas contaminadas, Botellón, el dios de la comercialización del agua.  Diferentes aspectos de la naturaleza del agua son demostrados por vestimentas, mascaras, y muñecos gigantes.   Los dioses deciden que los humanos deben pasar un periodo de sequía.

“Esto sucede,” dice Ximena, “algunas veces no llueve por mucho tiempo y después hay inundaciones.”  Vladimir añade, “como en el ultimo febrero, hubo un terrible tormenta en La Paz.  Había más de un metro de granizo, hubo muertos y problemas con el sistema de agua.  Fue terrible.”  En el campo, las mismas lluvias devastaron sus cosechas por años.  Sin no tener mucho que comer, los campesinos abandonaron sus tierras y se trasladaron a la ciudad de El Alto.

La ciudad de La Paz está construida sobre el río Choqueyapu, una convergencia de 300 ríos.  Pero no podrías saberlo si caminas alrededor.  Ana, la esposa de Ivan, me dice, “los ríos están cubiertos de cemento.  Corren debajo de la ciudad, y son contaminados con basura, químicos, y perros muertos.  Esas son las mismas aguas que la gente utiliza para sus sembradíos y animales en el campo.  Es una pena.”

Con este tratamiento del agua, es fácil creer que la sequía y las inundaciones pueden ser un castigo de los poderes de las alturas.  Dice Ivan, “Nuestra experiencia con el agua aquí en Bolivia está en nuestras conciencias.  Comprendemos que no podemos abusar del agua sin repercusiones.”

Esta es la fuerza que maneja los dioses del agua.  La obra conecta la lucha política y medio ambiental de las fuerzas profundas en el mudo natural y en la mitología Boliviana.  Teatro Trono buscó profundamente dentro de su cultura y su medio ambiente para diseñar los personajes.  “Nosotros nos inspiramos en las creencias de los indígenas de Latino América, hicimos investigaciones, leímos leyendas, visitamos al Lago Titicaca.  Nosotros quisimos saber como nuestros ancestros pensaron acerca de este recurso natural,”  explica Doris Mamani, coordinadora de proyectos.

Miembros de la compañía construyeron muñecos reflejando las diferentes formas del agua: lluvia, hielo, agua contaminada, y el líquido vital del cuerpo humano.  Juntos, con la co-directora del proyecto, Berith Danse de Teatro Embajada de Holanda, ellos costuraron, martillaron, y soldaron estos dioses dándoles vida.  Como espectador, no podría adivinar que los dioses fueron hechos de tornillos, pedazos de metal, partes de bicicletas viejas y tela comprado en un mercado local. !Ellos son, en una palabra, divinos!

Luis, un actor y titiritero habla acerca del proceso. “Yo construí Saldumi, es el mas alto, es el dios de todas los aguas saladas, minerales, y dulces.” Su amigo Caleb añade, “Fue un proceso duro. Nos tomo dos meses construir los dioses. Ellos se empezaron a romper. Pensamos que no resistirían para todas las presentaciones. Pero aprendimos como arreglarlas. Los ensayos nos costaron sudor, y los muñecos nos costó dinero y tiempo.”

Para Caleb y Luís, de 16 y 17 años, el proceso de realización de los dioses fue espiritual y educativo. “Nosotros hemos olvidado nuestras tradiciones. Somos alienados, pero nuestros dioses si existen. Cada año, hay un tiempo para la lluvia y un tiempo para el sol. Es de allí de donde vienen nuestros dioses. Nosotros tenemos que aprender a tenerles respeto nuevamente,” dice Caleb.

¿Entonces, si verdaderamente hay espíritus de la tierra y el agua, que dirían ellos sobre las corporaciones multinacionales que están comprando las aguas del mundo? Desde su pedestal, Ximena me dice, “Si la Pacha Mama pudiera hablar nos diría de paremos de polucionar y paremos de vender el agua. Pero no puede hablar. Así que nosotros tenemos que hablar por ella. Por eso es que estamos haciendo esta obra.”

Guerras de agua en las calles

Fuera de las muchas de privatizaciones de sistemas del agua en el mundo, una sola no fue como planeado por la compañía. Fue en Cochabamba, un departamento de Bolivia. Tres años atrás, la gente tomó las calles para protestar en contra de la privatización de su sistema del agua local por Bechtel, una corporación basada en los EE.UU.

En 1999, Bechtel firmó un contrato de 40 años con el gobierno para distribuir agua para la gente de Cochabamba. Tres meses después, subieron las tarifas del costo del agua y muchas familias no pudieron comprar el agua que necesitaban.

Así que ellos tomaron la ciudad. “Por un mes, vivimos en la calle, dormimos en la calle, comimos en la calle,” recuerda Felipe Mamani Callejas, un residente de Cochabamba. Los negocios, las escuelas y las oficinas se cerraron. “Los militares trataron de romper nuestra huelga, pero nosotros la hicimos nuevamente. No estuve muy preocupado porque había mucha gente detrás de mi.”

Por semanas, los militares usaron gas y armas de fuego tratando de poner fin a las huelgas. Muchos cochabambinos fueron asesinados en las confrontaciones. Protestantes tocaban música de protesta para mantener el espíritu vivo. “Nosotros seguimos soplando nuestros instrumentos para no respirar los gases. Mientras tocamos la música, el gas de lagrimas no nos hizo daño,” dijo Lenny Olivera, Coordinadora de la Defensa de Agua.

Semanas después, el gobierno cedió. Ellos cancelaron su contrato con Bechtel y dieron el control del agua a las coordinadoras y grupos de ciudadanos.

En la Plaza, los dioses del agua en círculos se confrontan unos a otros. Su asamblea se convierte en una guerra. Sonidos de timbales, bombos, y matracas vienen de los músicos. El dios de polución echa lluvia acida en el campo de guerra. Malabares con fuego y escupiendo fuego caminan entre los dioses, casi tocando a los espectadores con sus llamaradas de fuego.

El empresario entra en la escena seguido por una mujer con el rió alrededor de sus hombros. Ella muestra el rió al público y lleva un letrero que dice EN VENTA. De repente, hay un sonido fuerte desde el otro lado de escenario. Es el pueblo que entra marchando con sus banderas imaginarias.

El empresario les dispara y ellos caen al suelo con un fuerte ruido. Vuelven a levantarse y el empresario les lanza una bomba imaginaria. Ellos caen otra vez, pero al final, ellos se levantan y marchan. Ellos quieren recuperar su río.

La violencia en Cochabamba como la violencia en la obra refleja la realidad profunda. Hay una violencia inherente en tomar un recurso que da la vida a quienes lo necesitan. Tomar el agua de la gente es como quitarles la vida. Quizás es por esto que la gente arriesgó sus vidas contra el contrato de Bechtel.

¿El Final?

En el mundo de la obra, los pobladores salen victoriosos. El río esta pasando a través de la plaza nuevamente. El empresario vuelve para limpiarlo y todos toman un buen trago de agua.

El público aplaude. Para muchos en El Alto, es real. Después de la obra, los niños juegan con los muñecos grandes, y se escucha hablar a los adultos acerca de negocio del agua y la corrupción del gobierno.

¿Pero qué significaría si este final fantasioso fuese un fin real?

“Los modelos del mundo desarrollado están mal. No son los modelos correctos. Hemos creído acerca de ideas locas sobre el progreso. Pero hay cAnimos para hacerlo mejor.” Enrique Hidalgo Clares explica su filosofía sobre el “correcto desarrollo.” Me muestra su trabajo en el Poncho Eco-centro en Bolivia. “Estamos experimentando con otros modelos. Nosotros se colectamos el agua de la lluvia, hacemos una filtración simple de carbón para limpiar el agua. Nuestros desechos, los mandamos a un campo donde crece el bambú—trata nos los desechos naturalmente.”

En el Poncho, viven en casas de adobe, toman duchas calientes por el poder del sol, y toman agua limpia del cielo. Y lo hacen sin polución y sin pagar una corporación multinacional.

Esta clase de “desarrollo correcto” es tal vez lo que los dioses del agua trataron de decirnos. Luís, el actor joven, mira encima de su muñeco Saldumi, hablandome acerca de la obra. “La naturaleza es la tierra, es la Pacha Mama, es el mundo entero. Los dioses son muy milenarios. La gente antigua miraron su reflejo en el agua y ellos creyeron que estaban en la presencia de algo mágico. La historia de los dioses puede mostrarnos una correcta manera de vivir.”

La Asamblea de los Dioses Del Agua nos habla sobre una pregunta importante sobre el arte en la comunidad. En Bolivia, y en muchos lugares alrededor del mundo, se ve muy claro qué pasa cuando una corporación multinacional y la corrupción gubernamental están sobre todos.

La lógica de capitalismo mide y pone precio a cosas que no estuvieron en venta. Los árboles son derribados, el agua es embotellada, los minerales son sacados de las montañas. Mucho mas que eso, vidas humanas son medidas en horas y sueldos—aquí en Bolivia mucha gente solo gana lo suficiente para sobrevivir. Las corporaciones hablan sobre la eficiencia tecnológica y desarrollo cuando describen su trabajo.

Los grupos de arte como el Teatro Trono nos recuerda el valor espiritual del mundo natural que nos rodea, Nos recuerda que muchas cosas no deben ser compradas y vendidas. Nos enseñan que, como artistas, debemos desarrollar otras mitologías. Podemos hablar de historias que celebran el regalo de la naturaleza, y de la vida humana.


Eve Tulbert es artista y profesora de teatro en Chicago, Illinois. Pronto, estudiará arte escenica en la Universidad de Tejas, Austin.

Original CAN/API publication: May 2004

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